De techos rotos, de techos negros
"Se sentía como tener millones de zanates caminando sobre la lámina. El sonido y el pesor de la arena eran demasiado para nuestros techos rotos. Creímos que a nosotros también se nos iba a caer encima, como a otros vecinos." Gerónimo está aliviado de cierta forma, pero sabe que no puede quedarse de brazos cruzados. A sus 72 años debe subirse al techo, limpiar y arreglar la lámina. El ser humano no tiene límites cuando se trata de sobrevivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario